Por Mark Thiessen - The Associated Press
En un desolado trozo de tundra insular en el oeste de Alaska, un residente de la ciudad de Adak será de nuevo el último estadounidense en votar en persona en las elecciones presidenciales, continuando así una tradición de 12 años en la comunidad más occidental de Estados Unidos.
El honor de ser al último votante del país recayó en Adak en las elecciones de 2012, cuando prescindieron del voto en ausencia y añadieron el presencial.
“La gente se divierte un poco ese día porque, siendo realistas, todo el mundo sabe que las elecciones están decididas mucho antes de que cerremos (las urnas)”, dijo el administrador municipal Layton Lockett. “Pero sigue siendo divertido”.
Cuando las urnas cierran en Adak, es la 1:00 a.m. en la Costa Este.
La isla de Adak, ubicada a mitad de camino en la cadena de islas Aleutianas y limitada por el mar de Bering al norte y el océano Pacífico Norte al sur, está más cerca de Rusia que de Alaska continental.
Ese territorio, conocido sobre todo por ser una antigua base militar durante la Segunda Guerra Mundial y más tarde una estación naval, está a 1,200 millas (1,931 kilómetros) al suroeste de Anchorage y más al oeste que Hawaii, donde las urnas cierran una hora antes.

Mary Nelson veía probable que, la noche de las elecciones de 2012, el republicano Mitt Romney reconociera la derrota ante el presidente, Barack Obama, cuando ella se convirtió en la primera última votante de Adak. No se enteraría de que Obama había sido reelecto hasta la mañana siguiente, cuando encendió su computadora para ver los resultados.
Nelson, que ahora vive en el estado de Washington, trabajaba como funcionaria electoral en Adak y votó justo antes del cierre de las urnas, a las 8 de la noche, porque había olvidado hacerlo, contó por teléfono a la agencia de noticias The Associated Press.
“Cuando abrí la cortina para salir, el administrador de la ciudad me tomó una foto y anunció que yo era la última persona en votar en Adak”, dijo.
Así terminó la celebración, porque aún les quedaba trabajo por hacer. “Teníamos votos por contar y nos esperaban en Nome para informar nuestro conteo”, recordó.
Hay territorios estadounidenses más al oeste que Alaska pero, según los Archivos Nacionales, no existe un proceso en el Colegio Electoral que permita a los residentes en Guam, las Islas Marianas del Norte, Samoa Americana y las Islas Periféricas Menores de Estados Unidos, votar para presidente.

“Me dio mucha alegría y se lo conté a la gente”, recordó Nelson, de 73 años. “Guardo el artículo que imprimí sobre el tema y se lo enseño a quienes creo que lo considerarán algo importante, como mi familia”, añadió.
La isla de Adak tiene un significado histórico por su rol en la Segunda Guerra Mundial: Estados Unidos construyó allí instalaciones militares después de que las fuerzas japonesas tomaran las islas situadas más al oeste del archipiélago de las Aleutianas.
En agosto de 1942, las tropas desembarcaron para levantar una base militar, y dos meses después los aviones enemigos lanzaron nueve bombas sobre zonas sin desarrollar del territorio y acribillaron el paisaje con ametralladoras. La Marina inició la construcción de instalaciones en enero de 1943.
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En mayo de 1943, unas 27,000 tropas se reunieron en Adak como punto de escala para recuperar la isla de Attu, tomada por los japoneses.
Los escritores Dashiell Hammett y Gore Vidal fueron algunos de los estadounidenses famosos apostados en Adak. También estuvieron en ella el presidente Franklin Roosevelt, el campeón de boxeo Joe Lewis y varias estrellas de Hollywood, de acuerdo a la Sociedad Histórica de Adak.
Entre 1943 y 1945, el Ejército intentó crear un bosque en el territorio y un rótulo colocado por los residentes en la década de 1960, fuera de la zona con 33 árboles, señalaba: “Ahora está entrando y saliendo del Bosque Nacional de Adak”.
Tras la guerra, la isla fue transferida a las Fuerzas Aéreas y luego a la Marina en 1950. Casi 80,000 acres (32,000 hectáreas) de los 180,000 (73,000 hectáreas) de la isla se reservaron para uso de la Marina y el resto permaneció como parte de lo que se convirtió en el Refugio Nacional Marítimo de Vida Silvestre de Alaska.

La base cerró en 1997 y la Marina conserva unos 5,600 acres (2,300 hectáreas) y el resto son propiedad de Aleut Corp, la corporación regional de nativos de Alaska para la zona, la ciudad de Adak o el refugio.
Según Lockett, la ciudad se enfrenta a tiempos difíciles, con una población menguante y la falta de un dinamizador económico. La planta de procesamiento de pescado local ha cerrado varias veces a lo largo de los años.
Cuando la base estaba activa, había unos 6,000 residentes. En 2020, el Censo contó a 171. Lockett estimó que probablemente ahora sean menos de 50 habitantes que viven allí a tiempo completo.
En Alaska, una escuela debe tener diez estudiantes para seguir abierta. La escuela de Adak cerró en 2023 después de que comenzara el año con seis alumnos. En noviembre, solo había uno y luego ése también se fue, señaló por correo electrónico Mike Hanley, superintendente del Distrito Escolar de la Región Aleutiana.
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Hanley aseguró que para cuando avisó al departamento de educación estatal, “literalmente no había niños en la isla, ni siquiera alumnos de preescolar”.
En cuanto a política, Lockett dijo que en un pueblo pequeño es fácil saber a qué partido político apoyan tus vecinos, pero parece haber un objetivo que los une.
Independientemente de quién ocupe el cargo, ¿intentará “animar a los militares a que vuelvan a Adak?”, dijo. “Tenemos esa gran pregunta sobre qué sigue para Adak, porque estamos en apuros”.
Por ahora, con las elecciones presidenciales a solo días, la ciudad se regodea en el singular lugar que ocupa en Estados Unidos.
“No estoy segura de quién será el último votante este año”, afirmó Jana Lekanoff, secretaria municipal de Adak. “¿Tal vez habrá un poco de competencia?”.
