Por Jonel Aleccia — The Associated Press
A partir de este jueves 1 de enero de 2026, las personas de cinco estados que reciben ayuda del Gobierno para pagar sus compras de supermercado no podrán comprar refrescos, dulces y otros alimentos poco saludables con sus bonos de comida.
Indiana, Iowa, Nebraska, Utah y West Virginia son los primeros estados de una lista de al menos 18 en poner en práctica la prohibición a la compra de ciertos alimentos a través del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria o SNAP, conocido popularmente como food stamps.
La medida forma parte de una iniciativa del secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., y la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, que busca desterrar a los alimentos considerados como poco saludables del programa federal de 100,000 millones de dólares, que presta beneficios a 42 millones de personas.
“No podemos continuar con un sistema que obliga a los contribuyentes a financiar programas que enferman a las personas y luego a pagar para tratar las enfermedades que esos mismos programas ayudan a crear”, afirmó Kennedy este mes.

Los esfuerzos tienen como objetivo reducir enfermedades crónicas como la obesidad y la diabetes asociadas con las bebidas azucaradas y otros dulces, un objetivo clave de la iniciativa Make America Healthy Again (Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser saludable) de Kennedy.
Sin embargo, expertos del sector minorista y de políticas sanitarias afirman que los programas estatales de SNAP, que ya se encuentran bajo la presión de fuertes recortes presupuestarios, no están preparados para estos complejos cambios, ya que no disponen de listas completas de los alimentos afectados por la prohibición y se enfrentan a retos técnicos en los puntos de venta que varían según el estado y la tienda.
Además, los expertos siguen sin ponerse de acuerdo sobre si restringir las compras a través del programa SNAP mejorará la calidad de la dieta y la salud de las personas.
La Federación Nacional de Minoristas, una asociación comercial, predijo que se alargarán las filas en las cajas y aumentarán las quejas de los clientes a medida que los beneficiarios se enteran de qué alimentos están afectados por las nuevas restricciones.

“Es un desastre anunciado, cuando la gente intente comprar alimentos y se le diga que no”, indicó Kate Bauer, experta en ciencias de la nutrición de la Universidad de Michigan.
Un informe de la Asociación Nacional de Comerciantes Minoristas y otros grupos comerciales del sector estimó que la aplicación de las restricciones costaría a los minoristas 1,600 millones de dólares inicialmente, y 759 millones de cada año.
“Castigar a los beneficiarios del SNAP significa que todos tendremos que pagar más en el supermercado”, afirmó Gina Plata-Nino, del grupo de defensa contra el hambre Food Research & Action Center.
Las exenciones suponen una desviación de décadas de política federal promulgada por primera vez en 1964 y posteriormente autorizada por la Ley de Alimentación y Nutrición de 2008, que establece que las prestaciones de SNAP pueden utilizarse para “cualquier alimento o producto alimenticio destinado al consumo humano”, excepto el alcohol y comidas calientes cocinadas. La ley también establece que los cupones de SNAP no pueden usarse para comprar cigarrillos.

En el pasado, legisladores han propuesto impedir que el programa SNAP se use para comprar carnes costosas o los llamados alimentos chatarra, como las papas fritas y los helados.
Sin embargo, las solicitudes de exención anteriores fueron denegadas basándose en una investigación del Departamento de Agricultura (USDA) que concluyó que las restricciones serían costosas y complicadas de aplicar, y que podrían no cambiar los hábitos de compra de los beneficiarios ni reducir problemas de salud como la obesidad.
Sin embargo, bajo la segunda Administración Trump, se ha animado e incluso incentivado a los estados a solicitar exenciones, y estos han accedido.
“No se trata de la típica agenda de salud pública impuesta desde arriba y aplicable a todos”, afirmó el gobernador de Indiana, Mike Braun, cuando anunció la solicitud de su estado la primavera pasada. “Estamos enfocados en las causas fundamentales, la información transparente y los resultados reales”.
Las cinco exenciones estatales que entran en vigor el 1 de enero afectan a alrededor de 1.4 millones de personas. Utah y West Virginia prohibirán el uso del SNAP para comprar refrescos y gaseosas, mientras que Nebraska prohibirá los refrescos y las bebidas energéticas. Indiana se centrará en los refrescos y los dulces. En Iowa, que tiene las normas más restrictivas hasta la fecha, los límites de SNAP afectan a los alimentos sujetos a impuestos, incluidos los refrescos y los dulces, pero también a ciertos alimentos preparados.

“La lista de artículos no proporciona información suficiente para que un beneficiario de SNAP pueda ir al supermercado”, escribió Plata-Nino en una entrada de blog. “Muchos artículos adicionales, incluidos ciertos alimentos preparados, tampoco estarán permitidos, aunque no se identifiquen claramente en la notificación a los hogares”.
Marc Craig, un residente de 47 años de Des Moines, indicó que lleva viviendo en su coche desde octubre. Añadió que las nuevas exenciones harán más difícil determinar cómo utilizar los 298 dólares en prestaciones de SNAP que recibe cada mes, al tiempo que aumentarán el estigma que siente en la caja registradora.
“Nos tratan a quienes recibimos cupones de alimentos como si no fuéramos personas”, precisó Craig.
Las exenciones de SNAP promulgadas ahora y en los próximos meses tendrán una vigencia de dos años, con la opción de prorrogarlas por otros tres, de acuerdo con el Departamento de Agricultura. Cada estado debe evaluar el impacto de los cambios.
Expertos en salud han expresado preocupación de que las exenciones ignoren factores más importantes que afectan a la salud de los beneficiarios de SNAP, de acuerdo con Anand Parekh, director de políticas de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Michigan.
“Esto no resuelve los dos problemas de base, que son que los alimentos saludables en este país no son asequibles y que los alimentos poco saludables son baratos y están en todos lados”, afirmó.
