Un equipo de la CIA, puertas de acero y una llamada telefónica decisiva: cómo EE.UU. capturó a Maduro en Venezuela

Trump dio luz verde al ataque de Venezuela antes de Navidad, tras meses de planeamientos y ensayos que incluyeron el entrenamiento de tropas con una maqueta del complejo donde dormía el líder venezolano.

Por Peter Nicholas, Julie Tsirkin, Matt Dixon, Monica Alba y Courtney Kube — NBC News

El presidente, Donald Trump, le dio al líder venezolano Nicolás Maduro una última oportunidad para dimitir. En una llamada privada hace una semana, el republicano le dijo que tenía que irse.

Para ese entonces, una flota de buques de guerra estadounidenses estaba frente a las costas de Venezuela. Un equipo de la CIA se había infiltrado en el país, rastreando los movimientos y hábitos de Maduro: dónde dormía, qué comía, adónde iba.

“Tienes que rendirte”, aseguró Trump que le dijo a Maduro, durante una conferencia de prensa el sábado en Mar-a-Lago.

Maduro se jugó la apuesta de su vida. Estuvo “a punto” de ceder, dijo el republicano, pero se mantuvo firme.

Ese acto de desafío puso en marcha la fase final de un plan secreto y arriesgado para derrocar a Maduro por la fuerza. A las 10:46 pm (hora del Este) del viernes, Trump dio la orden final de ataque.

Este relato de la “Operación Resolución Absoluta”, la acción militar más audaz ejecutada en ambos mandatos de Trump, está basado en entrevistas con más de una decena de funcionarios de la Casa Blanca, la Administración republicana y el Congreso, así como en declaraciones públicas.

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Ya en agosto, la CIA envió discretamente una pequeña unidad a Venezuela con el objetivo de proporcionar “información extraordinaria” sobre los movimientos de Maduro, según una persona con conocimiento del asunto.

Incluso las mascotas del líder venezolano eran conocidas por los agentes de inteligencia estadounidenses, declaró Dan Raizin Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, en la conferencia de prensa del sábado.

Las tropas de élite entrenaron durante meses, llegando incluso a utilizar una réplica del complejo presidencial basándose en información de inteligencia recopilada por Estados Unidos, según declaró Trump en una entrevista con Fox News. De esa misma manera las tropas que asesinaron a Osama bin Laden practicaron en 2011 con una maqueta de su complejo en Abbottabad, Pakistán. Los agentes entrenaron con lo que Trump llamó “sopletes gigantescos”, por si tenían que cortar las paredes de acero de la habitación de seguridad de Maduro.

Al mismo tiempo, un equipo clave de la Administración Trump trabajó en privado en el operativo durante meses, manteniendo reuniones y llamadas telefónicas periódicas e informando a Trump, según una fuente conocedora del asunto.

Ese grupo estaba formado por algunas de las personas que, según Trump, supervisarán la transición de poder en Venezuela, entre ellas el secretario de Estado, Marco Rubio; el secretario de Defensa, Pete Hegseth; el director de la CIA, John Ratcliffe; y el subjefe de Gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, según la fuente.

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Durante el otoño, Trump incrementó constantemente la presión sobre Maduro. En septiembre, su Gobierno comenzó a hundir embarcaciones en el Caribe acusadas de transportar drogas a Estados Unidos. Expertos han dicho que las lanchas transportaban cocaína a Europa. En total, la Administración ha atacado al menos 35 supuestas 'narcolanchas' hasta la fecha, con un saldo al menos 114 muertos.

La justificación de los ataques a esas embarcaciones ha ido cambiando con el tiempo. ¿Se trataba de drogas que Trump quería destruir o del régimen de Maduro? En una entrevista concedida a Vanity Fair en noviembre, la jefa de Gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles, afirmó que el propósito era atacar las lanchas hasta que Maduro se diera por vencido.

También afirmó en la entrevista que un ataque en territorio de Venezuela requeriría la aprobación del Congreso, algo que la Casa Blanca no ha obtenido.

“Si autorizara alguna actividad en tierra, entonces se trataría de una guerra, y entonces [necesitaríamos] al Congreso”, declaró Wiles al entrevistador, Chris Whipple.

Ese mismo mes, el portaviones más avanzado de Estados Unidos, el USS Gerald R. Ford, llegó al Caribe, como parte de una escalada militar que, según Trump, atrajo la atención de Maduro.

“Hay muchos barcos por ahí”, dijo Trump en la conferencia de prensa.

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Trump salió de la Casa Blanca para las fiestas el 19 de diciembre, y Mar-a-Lago sirvió como cuartel general para la planificación final del operativo. Trump aprobó la operación antes de Navidad, aunque la fecha exacta es incierta, según dos funcionarios estadounidenses familiarizados con la planificación.

Venezuela no era su única preocupación. El día de Navidad, Trump anunció que había ordenado ataques contra militantes en Nigeria en respuesta a la presunta persecución de cristianos.

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El ataque a Venezuela fue tan secreto que ni siquiera el momento preciso se conoció en el Pentágono hasta la noche del viernes, según informaron dos funcionarios estadounidenses a NBC News. Normalmente, la fecha de una operación militar de este tipo contaría con una coordinación más amplia.

El vicepresidente, J.D. Vance, visitó el club de golf de Trump en West Palm Beach y se reunió con él durante el viernes para hablar sobre los ataques. Sin embargo, se marchó antes de que comenzara la operación, por temor a que un movimiento de una caravana nocturna pudiera alertar a los venezolanos sobre la inminente incursión, según un portavoz de Vance.

El viento y la nubosidad en Caracas retrasaron el ataque durante días, pero el viernes el tiempo mejoró. Había luna llena y el cielo estaba casi despejado, unas condiciones que fueron aceptables para los pilotos y la tripulación.

La misión estaba en marcha.

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“Buena suerte y que Dios los acompañe”, dijo Trump a los líderes militares, palabras que transmitieron a los mandos, según Caine.

Trump pasó gran parte de la noche y la madrugada en su casa observando el ataque. Una imagen publicada por la Casa Blanca lo muestra sentado a una mesa, con los dedos entrelazados, vestido con chaqueta pero sin su corbata habitual, mirando fijamente lo que presumiblemente era una pantalla.

A su izquierda estaba Rubio; a su derecha, Ratcliffe. Miller estaba sentado, con los brazos cruzados. El Congreso no sería notificado hasta que el ataque estuviera en marcha. Trump dijo el sábado que no quería que los legisladores filtraran detalles.

Al menos 150 aviones volaron hacia Caracas desde 20 bases diferentes en tierra y mar. La flota incluía bombarderos, cazas y aeronaves especializadas en inteligencia, reconocimiento y vigilancia, según Caine. Los agentes tenían entre 20 y 49 años.

La oscuridad envolvía la capital venezolana. Trump sugirió que Estados Unidos había cortado el suministro eléctrico en Caracas para obtener ventaja en la batalla. Volando a 100 pies sobre el agua, helicópteros transportaban a las fuerzas especiales y a los agentes del orden que sacaron a Maduro de su residencia, explicó Caine. Otras aeronaves dispararon para desactivar los sistemas de defensa aérea de Venezuela y despejar el camino a los helicópteros, añadió.

Se observaron llamas emanando de las explosiones en Fuerte Tiuna, un gran complejo militar en Caracas.

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A la 1:00 am (hora del Este) del sábado, soldados estadounidenses habían llegado al complejo en Caracas donde se alojaba Maduro. “Una fortaleza militar fuertemente asegurada”, dijo Trump.

Cuando la Fuerza Delta irrumpió en la residencia de Maduro, él y su esposa fueron tomados “totalmente por sorpresa”, dijo Caine. Maduro intentó escapar a lo que Trump describió como una habitación de seguridad con paredes de acero, pero no llegó a tiempo. Los agentes detuvieron a Maduro y a su esposa, Cilia Flores.

Tras la captura, se desató un tiroteo, según Caine, y un helicóptero estadounidense fue alcanzado. Ningún estadounidense murió, aunque hubo varios heridos entre las tropas. Todos los efectivos están estables, según un funcionario estadounidense y un funcionario de la Casa Blanca.

A las 3:30 am, las fuerzas estadounidenses se encontraban fuera del país, según Caine. En ese momento, el aire en Caracas olía a pólvora y humo. La Embajada de Estados Unidos en Venezuela advirtió a los ciudadanos estadounidenses que se refugiaran en sus hogares.

Menos de una hora después, Trump dio la noticia al mundo en redes sociales. “Estados Unidos ha llevado a cabo con éxito un ataque a gran escala contra Venezuela y su líder, el presidente Nicolás Maduro, quien ha sido capturado y trasladado fuera del país junto con su esposa”, escribió.

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Una imagen publicada por la Casa Blanca el sábado por la mañana mostraba a Maduro a bordo del buque de asalto USS Iwo Jima vestido de chándal, esposado y con los ojos vendados.

A las 4:30 pm, Maduro ya estaba en Nueva York. Llegó al aeropuerto Stewart en New Windsor, al norte de la ciudad. Decenas de agentes del orden lo rodearon mientras se dirigía al hangar. Él y su esposa serían trasladados a una cárcel en la ciudad de Nueva York más tarde ese mismo día.

Se espera que Maduro comparezca por primera vez ante el tribunal el lunes.

Él y sus presuntos cómplices se enfrentan a un proceso judicial por un esquema en el que un “ciclo de corrupción enfocado en el narcotráfico engrosa los bolsillos de funcionarios venezolanos y sus familias, a la vez que beneficia a narcoterroristas violentos que operan con impunidad en territorio venezolano y que ayudan a producir, proteger y transportar toneladas de cocaína a Estados Unidos”, según la imputación formal.

Tras el ataque, Trump dejó claro que la “Operación Resolución Absoluta” no fue un hecho aislado. No se trataba solo de detener a alguien a quien Estados Unidos considera fugitivo. La campaña militar supone una drástica escalada de la autoridad presidencial, con Trump intentando moldear el hemisferio a una versión revisada de la política exterior de “Estados Unidos Primero”.

En una versión diferente de la Doctrina Monroe del siglo XIX, que establecía una esfera de influencia diferenciada para la joven nación estadounidense, Trump está demostrando que usará el poder duro para promover los intereses estadounidenses y crear condiciones ventajosas para las empresas nacionales.

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“La Doctrina Donroe”, la llamó Trump. Estados Unidos no se irá de Venezuela pronto, afirmó. “Vamos a estar ahí hasta que se pueda producir una transición adecuada”.

Recordando su crucial llamada telefónica con Maduro, Trump sugirió en la conferencia de prensa del sábado que Maduro había tomado una mala decisión al no acatar su orden. “Ahora”, dijo Trump, “desearía haberlo hecho”.