Por Mithil Aggarwal – NBC News
Es todo lo que necesita: una camioneta que le permita recoger un colchón nuevo en la tienda de muebles, llevarlo al trabajo y tener espacio suficiente para las compras.
"La mayoría de la gente tiene camionetas mucho más grandes de lo que realmente necesitan", afirmó David McChristian, bombero de Houston de 37 años. "No necesito una Ford F-150 que puede remolcar 5,000 libras".
Los llamados coches kei son pequeños, ligeros, de baja potencia y poco ruidosos. Pero, a pesar de su discreción, son omnipresentes en las calles rurales japonesas, ya que caben en garajes pequeños o en la acera.

McChristian no es su único admirador. El presidente, Donald Trump, ha elogiado estas camionetas y quiere replicar su éxito, ya que los autos estadounidenses suben de precio y aumentan en tamaño.
Una camioneta kei de Daihatsu suele costar alrededor de 10,000 dólares en Japón, una cuarta parte de lo que cuesta una F-150. También es la mitad de grande y viene con un motor de alrededor de 60 caballos de fuerza, en comparación con los motores de más de 300 caballos de fuerza que impulsan a la mayoría de las F-150.
Trump vio los camiones de primera mano durante su visita a Japón en octubre y desde entonces ha hablado de llevar este fenómeno a Estados Unidos. "Son muy pequeños. Son realmente bonitos. Y me pregunté: ¿cómo funcionarían en nuestro país?", dijo a los periodistas en la Oficina Oval el 3 de diciembre.

Dos días después, dijo que "acababa de aprobar la fabricación de autos pequeños en Estados Unidos". El presidente escribió en Truth Social: "Estos autos del futuro muy cercano son baratos, seguros, eficientes en cuanto a consumo de combustible y, sencillamente, ¡¡¡increíbles!!!"
Pero conseguir que los kei circulen en mayor número por las carreteras estadounidenses es un reto enorme, según los expertos, en parte porque carecen de características de seguridad y porque los estadounidenses se inclinan por vehículos más grandes que priorizan la comodidad en los viajes de larga distancia.
"Es fácil querer conducir uno de estos bonitos autos kei. Pero otra cosa es meter a tu familia en ellos y viajar por la autopista a 70 millas por hora (110 kilómetros por hora) entre una Suburban y una F-150", afirmó Tifani Sadek, directora del Programa de Derecho y Movilidad de la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan.

Los autos kei, cuyo nombre proviene de la palabra japonesa kei-jidōsha, que significa "camión ligero", fueron desarrollados después de la Segunda Guerra Mundial para estimular la industria automovilística japonesa y fomentar la propiedad de automóviles, con vehículos que podían acogerse a impuestos de circulación y primas de seguro más bajos.
No son una marca en sí mismos, sino más bien una clase de vehículos —con restricciones de tamaño y potencia— fabricados por varias empresas japonesas, entre ellas Honda, Suzuki y Daihatsu. Hay disponibles variantes tanto de gasolina como eléctricas.
"El Gobierno japonés ha promovido activamente los autos kei como parte de su política nacional", comentó Shigeru Matsumoto, profesor de Economía en la Universidad Aoyama Gakuin de Tokio. "Aunque los kei cars no son adecuados para conducir largas distancias, son utilizados con frecuencia para las diligencias diarias".

En las zonas rurales de Japón, donde las carreteras son estrechas, estos autos compactos con comprados a menudo como segundo vehículo y son especialmente populares entre las mujeres, según Matsumoto.
Siguen siendo poco habituales en Estados Unidos, pero la demanda de importaciones ha aumentado de forma constante, según muestran los datos de exportación japoneses, en parte debido a su menor costo de mantenimiento y funcionamiento.
McChristian explicó que compró el suyo por 900 dólares en una subasta en Japón hace casi tres años. Incluso después de pagar otros 2,500 dólares en gastos de envío, dijo: "No vas a encontrar nada en el mercado estadounidense, ni nuevo ni usado, que tenga tanta utilidad y fiabilidad por un precio tan bajo".

Pero hay obstáculos más importantes que el simple comportamiento de los consumidores para que los autos kei puedan entrar en el mercado estadounidense. Estos autos no cumplen las normas federales de seguridad para vehículos, y muchos ni siquiera tienen bolsas de aire. Eso significa que es difícil conseguir con uno, ya que solo se permite su importación si tienen más de 25 años.
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Incluso en ese caso, las leyes estatales adoptan enfoques diferentes con respecto a su uso, y algunos estados los prohíben en las vías públicas o los restringen a calles de baja velocidad en vecindarios. Lone Star Kei, un grupo de defensa presidido por McChristian, ha luchado por cambios legales en Texas y otros lugares.
El interés de Trump por los autos kei parece centrarse en fabricar automóviles pequeños similares en Estados Unidos más que en facilitar el proceso de importación desde Japón.

Entre los principales fabricantes de autos kei, pocos tienen operaciones de fabricación de automóviles a gran escala en Estados Unidos.
Mike Smitka, profesor emérito de Economía de la Universidad de Washington y Lee, señaló el descenso de las ventas de autos pequeños existentes en todo Estados Unidos y añadió que existía una "barrera real en el lado de los costos de los fabricantes".
"Habría que fabricar un auto desde cero en la planta de montaje que cumpliera con las especificaciones estadounidenses, porque la adaptación es brutalmente cara", explicó.
Según Smitka y otros, un auto estilo kei fabricado en Estados Unidos superaría fácilmente el precio habitual de 10,000 dólares en Japón.

Los obstáculos legales para una revolución estilo kei podrían, en teoría, ser eliminados si el Congreso modificara la Ley de Seguridad o aprobara una nueva legislación que fomentara su uso.
"No tengo muchas esperanzas al respecto", afirmó Sadek.
Otra vía sería que el Gobierno federal actualizara las normas de seguridad, pero Sadek afirmó que "cambiar una norma federal simplemente lleva tiempo".
Incluso si se realizaran esos cambios, las esperanzas de que las ciudades estadounidenses se llenen de autos kei parecen lejanas. "La realidad es que este tipo de auto sería, en casi todos los casos, el segundo o tercero que tendría una familia estadounidense", afirmó Thomas Prusa, profesor de Economía de la Universidad de Rutgers.

Según Prusa, podría haber argumentos a favor del uso de estos autos en ciudades densamente pobladas como Nueva York o Chicago, o en comunidades de jubilados de Florida, que ya han adoptado los carros de golf.
"Imagínese lo fácil que sería el transporte en la ciudad de Nueva York si todos los neoyorquinos condujeran vehículos considerablemente más pequeños", dijo. "Simplemente no veo que esto encaje actualmente con la cultura estadounidense".
