Por Alex Veiga y Gabriela Aoun Angueira - The Associated Press
Un año después de los incendios forestales más destructivos en Los Ángeles, California, pocas casas nuevas se levantan entre los terrenos aún devastados.
Desde el 7 de enero de 2025, cuando comenzaron los incendios de Palisades y Eaton que dejaron 31 muertos y destruyeron unas 13,000 viviendas y otras propiedades, se han reconstruido menos de una docena en el condado de Los Ángeles.
Para muchos que tenían seguro de vivienda, este no ha sido suficiente para cubrir los costos de construcción. Y organizaciones de ayuda humanitaria están teniendo que intervenir, pero el progreso es lento.
Entre las personas dichosas se encuentra Ted Koerner, de 67 años, cuya casa en Altadena quedó reducida a cenizas. Con el pago de su seguro aún pendiente, Koerner empleó el 80% de sus ahorros de la jubilación, buscó rápidamente a contratistas y avanzó con paso firme a la reconstrucción de su hogar.

Poco antes del Día de Acción de Gracias, Koerner fue uno de los primeros en terminar la reconstrucción tras los incendios, que se vieron avivados por la sequía y los vientos huracanados. Pero la mayoría no tiene sus recursos.
Las calles de la comunidad costera de Pacific Palisades y Altadena, una comunidad situada en las estribaciones de las montañas de San Gabriel, siguen llenas de terrenos baldíos. En la ciudad costera de Malibú, los cimientos y los pilotes de hormigón que se alzan sobre la arena son todo lo que queda de las casas frente al mar que antes miraban al océano.
Los barrios están completamente a oscuras por la noche, ya que se han reemplazado pocas farolas. Incluso muchas de las casas que sobrevivieron no están habitadas, ya que las familias aún están limpiándolas de los contaminantes tóxicos del incendio.
Koerner dijo que tomó la decisión de gastar sus ahorros en parte por el temor de que su querida perra golden retriever, Daisy Mae, ahora de 13 años, no viviera lo suficiente para mudarse a una nueva casa, pues la construcción puede llevar muchos meses, incluso en las mejores circunstancias.

Además, no tuvo que esperar a recibir el pago del seguro para comenzar la construcción. “Era la única forma de hacerlo antes de que, de repente, mi perra empezara a tener dificultades para respirar o le ocurriera algo”, explicó Koerner.
Una vez iniciada la construcción, su casa se terminó en poco más de cuatro meses.
La mascota ahora ha vuelto a poder tumbarse en su lugar favorito del jardín, bajo un roble centenario de 175 años. Koerner aseguró que disfruta de su café matutino mientras la observa y que eso le hace llorar de emoción. “Lo hemos conseguido”, dijo.
Problemas financieros para reconstruir
Hay unas 900 casas en construcción que podrían estar terminadas a finales de este año.
Sin embargo, muchos propietarios se encuentran en una situación complicada, ya que no saben si podrán costear el proceso de reconstrucción.
Decenas de residentes han abandonado sus comunidades para siempre. Según la empresa de datos inmobiliarios Cotality, se han vendido más de 600 propiedades en las que una vivienda unifamiliar quedó destruida por los incendios forestales.

“Estamos observando enormes diferencias entre el dinero que pagan las aseguradoras, en la medida en que tenemos seguro, y lo que realmente costará reconstruir y/o reparar nuestras viviendas”, añadió Joy Chen, directora ejecutiva de Eaton Fire Survivors Network, un grupo de 10,000 supervivientes del incendio, en su mayoría de Altadena.
En diciembre, menos del 20% de las personas que habían perdido totalmente su vivienda habían cerrado sus reclamaciones al seguro, de acuerdo con una encuesta realizada por la organización sin fines de lucro Department of Angels.
Aproximadamente un tercio de los encuestados asegurados tenían pólizas con State Farm, la mayor aseguradora privada del estado, o con el plan California FAIR, la aseguradora de último recurso. Todos manifestaron un alto grado de insatisfacción con ambas, citando requisitos onerosos, estimaciones a la baja y la necesidad de tratar con múltiples peritos.
En noviembre, el condado de Los Ángeles abrió una investigación civil sobre las prácticas de State Farm y las posibles violaciones de la ley estatal de competencia desleal. Chen aseguró que el grupo ha visto una avalancha de pagos sustanciales desde entonces.

Sin respuestas de las aseguradoras, los hogares no pueden comprometerse con proyectos de reconstrucción que fácilmente pueden superar el millón de dólares.
“Les preocupa empezar y quedarse sin dinero”, dijo Chen.
Un futuro incierto
Jessica Rogers descubrió que su cobertura había sido cancelada solo después de que el incendio de Palisades destruyera su casa.
El recurso de esta madre de dos hijos fue un préstamo a bajo interés de la Administración de Pequeñas Empresas, pero el proceso de solicitud fue agotador. Después de perder su trabajo debido al incendio y de que le robaran su identidad, el mes pasado le aprobaron un préstamo de 550,000 dólares.
Todavía está sopesando cómo cubrirá los gastos restantes y se pregunta: “¿Vacío mi plan de retiro del 401(k) y empiezo a guardar cada centavo en una alcancía en mi departamento?”.
Rogers, ahora directora ejecutiva del Grupo de Recuperación a Largo Plazo de Pacific Palisades, estimó que hay cientos de personas como ella en Pacific Palisades que están “atrapadas lidiando con la FEMA y la SBA y tratando de averiguar si podríamos reunir algo para reconstruir nuestras casas”.

También luchan por regresar a sus hogares los inquilinos, los propietarios de condominios y los de casas móviles de la comunidad. Mientras tanto, muchos también están lidiando con su trauma.
“No es algo de lo que la gente hable, pero es increíblemente evidente y muy real”, indicó Rogers, que todavía llora en momentos inesperados.
Un comienzo lento
El hecho de que se hayan reconstruido tan pocas viviendas un año después de los incendios forestales hace eco del patrón de recuperación de un incendio que estalló en diciembre de 2021 al sur de Boulder, Colorado, y que destruyó más de 1,000 viviendas.
“Al cabo de un año, se habían limpiado los escombros de muchos terrenos y muchos residentes habían solicitado permisos de construcción”, afirmó Andrew Rumbach, codirector del Programa de Clima y Comunidades del Urban Institute. “Alrededor de los 18 meses es cuando se empieza a ver un progreso realmente significativo en términos de pasar de unas pocas a cientos” de viviendas reconstruidas.
El tiempo pondrá de relieve el alcance de los problemas.

“Se empezará a observar una desigualdad real en la que ciertos barrios, ciertos tipos de personas y de propiedades se quedan muy atrás, y eso se convierte en la cuestión realmente importante en el segundo año de la recuperación: ¿a quién le va bien y quién tiene verdaderas dificultades y por qué?”, dijo Rumbach.
Esa es una preocupación clave en Altadena, que durante décadas atrajo a aspirantes a propietarios negros que, de otro modo, se enfrentaban a la discriminación hipotecaria y otras formas de discriminación racial cuando intentaban comprar una vivienda en otras comunidades del área de Los Ángeles. En 2024, el 81% de los hogares negros de Altadena eran propietarios de sus viviendas, casi el doble de la tasa nacional entre la población negra.
Sin embargo, una investigación reciente del Instituto de Política y Política Latina de la UCLA reveló que, en agosto, siete de cada diez propietarios de Altadena cuyas viviendas sufrieron graves daños en los incendios forestales del año pasado no habían comenzado a tomar medidas para reconstruir o vender sus casas. Entre ellos, los propietarios afroamericanos eran un 73% más propensos que los demás a no haber tomado ninguna medida.
Decididos a reconstruir
Al y Charlotte Bailey han estado viviendo en una casa rodante estacionada en el terreno baldío donde antes se encontraba su hogar.
Los Bailey están pagando la reconstrucción con los fondos del pago del seguro y un préstamo. También esperan recibir dinero de Southern California Edison. Varias demandas afirman que sus equipos provocaron el incendio forestal en Altadena.
“Llevábamos aquí 41 años donde habíamos criado a nuestra familia y, en una noche, lo perdimos todo”, aseguró Al Bailey, de 77 años. “Decidimos que, sin importar lo que nos costara, esta es nuestra comunidad”.
