Por Charlotte Graham-McLay - The Associated Press
En la era de los dinosaurios, cuando aún no existían las ballenas, los tiburones blancos y ni siquiera el megalodón, del tamaño de un autobús, rondaba ya las aguas en lo que hoy en día es el norte de Australia un tiburón gigantesco incluso entre los monstruos marinos del periodo Cretácico (que se extendió desde hace 145 hasta hace 66 millones de años).
Investigadores que han estudiado las vértebras descubiertas en una playa cerca de la ciudad de Darwin afirman que la criatura es ahora el megadepredador más antiguo conocido del linaje de los tiburones, anterior en 15 millones de años a todos los tiburones gigantescos descubiertos anteriormente. Creen que medía unos 26 pies de largo (ocho metros), según los según los autores de un artículo publicado en la revista Communications Biology.
“Los cardabiodóntidos eran tiburones megadepredadores muy comunes desde finales del Cretácico, hace 100 millones de años”, relata Benjamin Kear, curador de paleobiología del Museo Sueco de Historia Natural y uno de los autores.

Fósiles redescubiertos en un museo
Los tiburones tienen una historia de 400 millones de años, pero los lamniformes, ancestros de los grandes tiburones blancos actuales, aparecen en el registro fósil desde hace 135 millones de años. En aquel entonces eran pequeños —probablemente de solo un metro de longitud—, lo que hizo que el descubrimiento de que los lamniformes ya se habían vuelto gigantescos hace 115 millones de años fuera inesperado para los investigadores.
Las vértebras se encontraron en la costa cerca de Darwin, en el extremo norte de Australia, que en su día era lodo del fondo de un antiguo océano que se extendía desde Gondwana —actual Australia— hasta Laurasia, que hoy es Europa. Es una región rica en evidencia fósil de vida marina prehistórica, con plesiosaurios de cuello largo e ictiosaurios entre los descubiertos hasta ahora.
Las cinco vértebras que impulsaron la búsqueda para estimar el tamaño de sus gigantescos dueños no fueron un descubrimiento reciente, sino uno más antiguo que había pasado desapercibido, dijo Kear. Desenterrados a finales de los años 1980 y 1990, medían 4,7 pulgadas (12 centímetros) de ancho y fueron almacenados en un museo durante años.

Al estudiar tiburones antiguos, las vértebras son un tesoro para los paleontólogos. Los esqueletos de tiburón están hechos de cartílago, no de hueso, y su registro fósil se compone sobre todo de dientes, que los tiburones pierden a lo largo de su vida.
"La importancia de las vértebras es que nos dan pistas sobre el tamaño", dijo Kear, "escalarlo a partir de los dientes es difícil. ¿Son los dientes grandes y los cuerpos pequeños? ¿Son dientes grandes con cuerpos grandes?".
El tamaño sigue siendo un misterio
Los científicos han utilizado fórmulas matemáticas para estimar el tamaño de tiburones extintos como el megalodón, un depredador masivo que apareció posteriormente y que podría haber alcanzado los 56 pies (17 metros) de longitud, explicó Kear. Sin embargo, la rareza de las vértebras dificulta la respuesta a las preguntas sobre el tamaño de los antiguos tiburones, añadió.
El equipo internacional de investigación dedicó años a probar métodos para estimar el tamaño de los cardabiodóntidos de Darwin, utilizando datos pesqueros, tomografías computarizadas y modelos matemáticos, explicó Kear. Finalmente, llegaron a una representación probable del tamaño y la forma del depredador.

"A simple vista, se habría parecido a un tiburón gigante moderno, porque esa es su belleza", afirmó, "es un modelo corporal que ha funcionado durante 115 millones de años, como un ejemplo de éxito evolutivo".
El pasado podría ser una pista sobre su futuro
El estudio de los tiburones de Darwin sugirió que los tiburones modernos ascendieron tempranamente en su evolución adaptativa a la cima de las cadenas alimentarias prehistóricas, según los investigadores. Ahora, los científicos podrían explorar entornos similares en todo el mundo en busca de otros, dijo Kear.
"Debieron haber existido antes", dijo, "este ser tuvo ancestros".
Estudiar ecosistemas antiguos como este podría ayudar a los investigadores a comprender cómo las especies actuales podrían responder al cambio ambiental, añadió. "Aquí es donde comienza nuestro mundo moderno", dijo, "al observar lo que sucedió en los cambios pasados en el clima y la biodiversidad, podemos tener una mejor idea de lo que podría suceder después".
