Por Denise Show — NBC News
Si todo sale según los planes de la NASA, 2026 será finalmente el año en que los astronautas vuelvan a viajar a la Luna.
En cuestión de meses, cuatro astronautas podrían realizar un viaje alrededor de la Luna en una misión de aproximadamente 10 días, lo que representará el acercamiento más próximo de seres humanos a la Luna en más de medio siglo.
El vuelo, conocido como Artemis II, podría despegar tan pronto como en febrero y representaría un esperado impulso al programa estadounidense de regreso a la Luna, que ha sufrido retrasos. La misión servirá como una prueba crucial del cohete Space Launch System y la nave espacial Orion de próxima generación de la NASA, que han estado en desarrollo durante más de una década y han enfrentado años de contratiempos y graves sobrecostos presupuestarios. El sistema nunca antes ha transportado tripulación.
Regresar a la Luna ha sido una prioridad para el presidente, Donald Trump, desde su primer mandato, y la Administración actual ha puesto un renovado énfasis en dominar la creciente carrera espacial entre Estados Unidos y China. Funcionarios chinos se han comprometido a enviar a sus propios astronautas a la superficie lunar para 2030.
Más allá de las implicaciones geopolíticas, la misión Artemis II está diseñada para marcar el comienzo de una nueva era de exploración espacial, con el objetivo de establecer bases para estancias de larga duración en la Luna antes de que los astronautas se aventuren algún día a Marte.

“En los próximos tres años, volveremos a aterrizar astronautas estadounidenses en la Luna, pero esta vez con la infraestructura necesaria para permanecer allí”, declaró a NBC News, Jared Isaacman, el nuevo administrador de la NASA, en una entrevista la semana pasada tras su toma de posesión.
Para algunos científicos, la emoción que rodea el regreso a la Luna proviene de la posibilidad de investigar misterios persistentes sobre la formación y evolución lunar, como las violentas colisiones en el naciente sistema solar que la crearon y el origen de su agua, cuestiones que surgieron durante el programa Apolo en las décadas de 1960 y 1970.
“Como pueden imaginar, los científicos lunares han tenido muchas preguntas acumuladas durante décadas”, dijo Brett Denevi, científica planetaria del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins en Laurel, Maryland.
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Responder algunas de esas preguntas podría arrojar luz sobre procesos similares que ocurrieron durante la formación de nuestro planeta, según Denevi.
“La Tierra es un pésimo registro histórico”, dijo. “Con las placas tectónicas, el clima, estas cosas han borrado por completo su historia más temprana. Pero en la Luna, tenemos este terreno que se formó hace unos 4,500 millones de años, y está ahí, en la superficie, esperando a ser explorado”. Aunque la misión Artemis II no aterrizará en la superficie lunar, pondrá a prueba diversas tecnologías, maniobras de acoplamiento y sistemas de soporte vital —primero en órbita terrestre y luego en órbita alrededor de la Luna— que serán esenciales para futuras misiones.

Anteriormente, la NASA lanzó el cohete Space Launch System y la cápsula Orion en un vuelo de prueba sin tripulación alrededor de la Luna —la misión Artemis I— durante tres semanas y media en 2022.
La agencia espacial esperaba lanzar Artemis II en 2024, pero los costosos retrasos pospusieron repetidamente esta misión y las subsiguientes.
“Hay mucho en juego, tanto para bien como para mal”, dijo Casey Dreier, jefe de política espacial de The Planetary Society, una organización sin fines de lucro que realiza investigación, promoción y divulgación para impulsar la exploración espacial. “Todo parece estar encajando, pero esta es la primera vez que habrá humanos a bordo de este cohete, y nunca antes hemos probado este sistema de soporte vital en el espacio”.
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No se ha anunciado una fecha de lanzamiento, pero se espera que sea entre febrero y abril. La tripulación estará compuesta por los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, y el astronauta de la Agencia Espacial Canadiense Jeremy Hansen.
Los cuatro fueron seleccionados para la misión en 2023. Wiseman, Glover y Koch realizarán su segundo viaje al espacio, mientras que Hansen hará su debut espacial.

El fin de semana pasado, los astronautas completaron un ensayo clave del día del lanzamiento, que incluyó ponerse sus trajes espaciales, abordar la nave espacial Orion y repasar la secuencia de cuenta regresiva hasta el momento justo antes del despegue.
El programa Artemis se estableció durante la primera Administración Trump en 2019, y rescató el cohete Space Launch System y la cápsula Orion de proyectos anteriores de la NASA que se habían estancado o cancelado. La agencia espacial había estado trabajando en un cohete de próxima generación desde 2010, un año antes de retirar los transbordadores espaciales. La nave espacial Orion, por su parte, fue diseñada originalmente para el Programa Constellation, establecido por el presidente George W. Bush para realizar vuelos tripulados a la Luna y Marte.
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La semana pasada, Trump reafirmó su agenda de regreso a la Luna en una orden ejecutiva que ordenaba a la NASA priorizar la “expansión del alcance humano y la presencia estadounidense en el espacio” mediante el aterrizaje de astronautas en la superficie lunar para 2028.
“Esta es la culminación de un esfuerzo de casi 15 años”, dijo Dreier. “Si todo sale bien, se considerará un gran éxito para la Administración. Pero si algo sale mal, o si ocurre alguna catástrofe, eso lo cambiará todo”.
Artemis II tiene como objetivo allanar el camino para la misión Artemis III en 2027, que prevé el alunizaje de cuatro astronautas cerca del polo sur de la Luna, una región muy diferente de aquella donde los astronautas del programa Apolo dejaron sus huellas.

Mientras que los alunizajes del programa Apolo se produjeron en una franja estrecha alrededor del ecuador lunar, la región del polo sur presenta mayores dificultades para el aterrizaje debido a su terreno plagado de cráteres. Se cree que estas cuencas permanentemente en sombra albergan abundante hielo de agua, un recurso valioso para establecer una presencia a largo plazo en la Luna y para futuras misiones tripuladas a regiones más profundas del sistema solar.
“Apolo nos proporcionó el marco para comprender la Luna”, dijo Denevi, “y ahora tenemos la base para plantearnos nuevas preguntas”.
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Denevi dirige el equipo de geología de la misión Artemis III, una función que implica decidir por dónde se desplazarán los miembros de la tripulación tras el alunizaje, qué tipo de trabajo de campo realizarán y qué muestras recolectarán para traer de vuelta a la Tierra. Está especialmente interesada en las muestras de los cráteres en sombra de la Luna, que se encuentran entre los lugares más fríos del sistema solar.

“Cuando empecé a estudiar la Luna, pensé que dedicaría toda mi carrera a estudiar datos históricos”, dijo. “Ahora, tener la oportunidad de participar en la recolección de nuevas muestras que puedan aportar nuevas piezas a este rompecabezas, en lugar de intentar reordenar las piezas antiguas, supondrá un gran avance”.
