La historia de Kilmar Armando Ábrego García, un migrante que fue deportado erróneamente desde Estados Unidos a El Salvador y recluido durante casi tres meses en la temida megaprisión CECOT, ha escalado a niveles internacionales tras la presentación de una demanda federal que denuncia graves abusos físicos y psicológicos cometidos por autoridades salvadoreñas.
Los abogados de Ábrego presentaron un expediente en el Tribunal Federal de Distrito de Maryland, en el que relatan un panorama perturbador: golpes, privación del sueño, hambre, aislamiento, hacinamiento, y una supuesta manipulación mediática para encubrir los hechos.
Ábrego García fue deportado por error en marzo por la administración de Donald Trump, según afirma la defensa. Al llegar a El Salvador, fue ingresado al Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), una de las prisiones más grandes y controvertidas del continente, construida por el gobierno de Nayib Bukele como símbolo de su “mano dura” contra las pandillas.
Lo que siguió fue, según los abogados, un calvario digno de una prisión de pesadilla.
El expediente judicial describe una serie de episodios que, de ser ciertos, constituyen violaciones claras a los derechos humanos:
Durante las primeras dos semanas, el migrante habría perdido más de 14 kilos, según el equipo legal.
E presidente Nayib Bukele reaccionó a través de su cuenta oficial en X (antes Twitter), publicó un video de tres minutos y medio mostrando a Ábrego en condiciones aparentemente óptimas: levantando pesas, jugando ajedrez, descansando en camas limpias y recibiendo atención médica.
“El hombre no fue torturado, ni perdió peso”, escribió Bukele en inglés. “Si le habían torturado, privado de sueño y hecho pasar hambre, ¿por qué sale tan bien en todas las fotos?”
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